domingo, 23 de agosto de 2015

Los premios (alimento)

Cinco pasos para utilizar bien los premios:
1. Para introducir premios comestibles en la educación del perro lo primero es encontrar uno que le llame mucho la atención, normalmente, cuanto más olor tengan, más les gustarán.
La lógica es aplastante, el premio tiene que ser siempre más atractivo que lo que pueda mover al perro a realizar ese mal acto que queremos corregir.
2. Los premios deben ser una recompensa para el perro, nunca un soborno. Conviene recordar que la educación de nuestro perro depende (al menos) de dos: él y nosotros mismos.
Cuando el perro se acostumbre al alimento de sus lecciones, este dejará de ser tan efectivo y será el momento de variar.
3. Una parte importante en la educación de los perros es conseguir que nuestro compañero de cuatro patos se relaje y pueda prestarnos atención sin estrés. En este sentido, algunos alimentos también implican una importante ayuda.
La comida alta en proteínas ayuda a la química cerebral del perro a relajarse y provoca sensación de tranquilidad. Salchichas, pollo cocido y queso, son altos en proteínas y, por tanto, ayudarán a nuestro amigo a estar más tranquilo durante sus lecciones.
4. Cuando un perro huele sus premios de comida, es difícil que no se abalance sobre ellos. Por eso, se recomienda llevarlos en un recipiente cerrado (un táper, una bolsa de plástico cerrada, etc.), que no deje escapar los atractivos aromas del premio.
Los premios deben estar ya preparados y cortados: el tamaño orientativo es algo más pequeño que nuestro pulgar.
5. Una vez que el perro aprende, no conviene eliminar por completo las recompensas comestibles: los recordatorios servirán para reforzar el aprendizaje. Por supuesto, el alimento debe ir acompañado de motivantes caricias para el perro, así como por palabras de ánimo de su humano amigo.